En mayo de 1845, 129 hombres salieron de Gran Bretaña a bordo de dos barcos reforzados para buscar el Paso del Noroeste. Menos de tres años después, los barcos estaban atrapados, el comandante había muerto y los sobrevivientes marchaban hacia el sur sin saber si podrían regresar.
Una expedición preparada para durar años
El HMS Erebus y el HMS Terror no eran barcos improvisados. Tenían cascos reforzados, equipos de navegación, instrumentos científicos, provisiones y motores auxiliares de vapor. Su misión era completar una ruta marítima entre los océanos Atlántico y Pacífico por el norte de Canadá.
Sir John Franklin comandaba la expedición y Francis Crozier estaba al frente del Terror. Al principio, el proyecto parecía reunir suficiente organización, tecnología y experiencia para enfrentar las aguas polares.
El último avistamiento confirmado
Después de cruzar el Atlántico, los dos barcos entraron en el Ártico canadiense durante el verano de 1845. En julio, unos balleneros los vieron en la bahía de Baffin. Sería el último encuentro confirmado entre la expedición y observadores europeos.
Los hombres continuaron hacia el oeste y pasaron el primer invierno en la isla Beechey. Tres tripulantes murieron y fueron enterrados allí, una señal de que el ambiente ya exigía un precio aunque la expedición todavía pareciera bajo control.
El hielo cierra la ruta
Cuando regresó el verano, los barcos dejaron la isla Beechey y continuaron hacia el archipiélago ártico. En septiembre de 1846, el hielo se cerró alrededor del Erebus y del Terror cerca de la isla King William.
Al principio, la inmovilización podía parecer una pausa estacional. El problema fue que el invierno regresó antes de que se abriera un paso seguro. El tiempo dejó de ser un detalle del viaje y empezó a reducir las opciones de la tripulación mes tras mes.
El mensaje que cambió la investigación
En 1847, un registro todavía informaba que los hombres estaban bien. Después, la situación empeoró. Franklin murió en junio de 1847 y ninguno de los dos barcos consiguió escapar del hielo.
En abril de 1848, los oficiales dejaron un mensaje dentro de un montículo de piedras. Indicaba que los barcos habían sido abandonados y que 105 hombres viajarían hacia el sur, en dirección al río Back. Esta es una de las certezas más importantes: la expedición marítima se había convertido en una marcha de supervivencia.
Confirma que los barcos quedaron atrapados, que Franklin había muerto y que las embarcaciones fueron abandonadas. No registra cómo murió cada hombre ni describe los últimos días de la marcha.
Una columna sobre el hielo
Los sobrevivientes llevaron botes, trineos, armas, ropa, barriles y provisiones. Cada objeto podía ser útil, pero también aumentaba el peso que debían arrastrar por un paisaje sin caminos, con hielo irregular, rocas, nieve y pocas fuentes de alimento.
Los relatos inuit registrados por los investigadores indicaron que habían visto a hombres europeos avanzar hacia el sur y que aparecieron cuerpos y objetos a lo largo de la posible ruta. Esta información fue decisiva, aunque durante muchos años algunos exploradores europeos subestimaron el conocimiento local.
Hecho, hipótesis y leyenda
A lo largo de la ruta, los investigadores encontraron botes, ropa, utensilios, sepulturas y restos humanos. Algunos fragmentos óseos fueron interpretados como posibles señales de cortes, pero esa evidencia por sí sola no explica el destino de todos los tripulantes.
También se han discutido explicaciones relacionadas con hambre, enfermedades, frío extremo, exposición al plomo y problemas logísticos. Estos factores pudieron contribuir al colapso, pero ninguna prueba convierte una reconstrucción en un relato completo.
La conclusión más segura es que ningún sobreviviente regresó para registrar lo ocurrido. Desde ese punto, hay que separar la evidencia directa, la interpretación arqueológica y la especulación posterior.
Los barcos reaparecen
Durante más de un siglo, el destino del Erebus y del Terror permaneció desconocido. Entre 1848 y 1880, varias expediciones buscaron los barcos y a los 129 hombres. Las búsquedas también cartografiaron grandes zonas del Ártico canadiense.
En el siglo XXI, los investigadores combinaron mapas antiguos, arqueología submarina, sonar, conocimiento regional y relatos inuit. En 2014 localizaron el naufragio del HMS Erebus. En 2016 también encontraron el HMS Terror en aguas del Ártico canadiense.
Los descubrimientos confirmaron que ambos barcos se desplazaron después del abandono y aportaron nuevas pruebas sobre sus últimos movimientos. Las cabinas, los instrumentos y los objetos conservados bajo el agua ayudan a estudiar la vida a bordo, pero no forman un mensaje final dejado por los hombres.
Lo que todavía no sabemos
Sabemos que los barcos quedaron atrapados, que Franklin murió, que las embarcaciones fueron abandonadas y que los sobrevivientes intentaron avanzar hacia el sur. También sabemos que ninguno de los 129 hombres regresó y que ambos barcos fueron encontrados muchas décadas después.
Todavía no sabemos exactamente cuándo se separaron los grupos, cómo murió cada persona ni qué decisiones se tomaron durante los últimos días. Encontrar los naufragios resolvió una parte enorme del misterio, pero no devolvió la narración completa de la marcha.
¿Por qué la historia sigue abierta?
La expedición de Franklin no desapareció sin dejar pistas. Dejó documentos, objetos, relatos, sepulturas y dos barcos conservados en el fondo del mar. El problema es que ninguna de esas pistas cuenta por sí sola toda la historia.
El caso sigue siendo fascinante porque su respuesta no necesita una leyenda sobrenatural. Está en la combinación de decisiones humanas, un ambiente extremo, conocimiento inuit y pruebas incompletas. El hielo devolvió los barcos, pero todavía guarda los últimos pasos de los hombres.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos hombres participaron en la expedición?
Un total de 129 hombres partió a bordo de los dos barcos en 1845.
¿Qué ocurrió con los barcos?
El Erebus y el Terror quedaron atrapados en el hielo, fueron abandonados en 1848 y se hundieron después. Sus naufragios fueron encontrados en 2014 y 2016.
¿El mensaje explica todo?
No. Confirma hechos esenciales, pero no describe los últimos días ni el destino individual de cada hombre.